Mujeres rurales de Hidalgo, México: entre la informalidad laboral y la subsistencia en pandemia, 2022[1]
[Versión en español]
Rural Women of Hidalgo, Mexico: Between Labor Informality and Subsistence during the Pandemic, 2022
Mulheres rurais de Hidalgo, México: entre a informalidade laboral e a subsistência na pandemia, 2022
Recibido el 15/06/2024
Aceptado el 17/06/2025
Cómo citarCazares-Palacios, I. M et al. (2026). Mujeres rurales de Hidalgo, México: Entre la informalidad laboral y la subsistencia en pandemia, 2022. Ánfora, 33(60), 105-126. https://doi.org/10.30854/40mdbc41 |
Itzia María Cazares-Palacios[2] https://orcid.org/0000-0002-0498-3820 México Jozelin María Soto-Alarcón[3] https://orcid.org/0000-0003-3931-9310 México Diana Xóchitl González-Gómez[4] https://orcid.org/0000-0003-3062-9961 México |
Objetivo: identificar las estrategias desplegadas por mujeres rurales de Hidalgo, México, que trabajan en la informalidad en mercados municipales de Pachuca de Soto para sostener la vida familiar. Metodología: se realizaron entrevistas de tipo etnográfico a 21 mujeres con edades entre 20 y 63 años, casadas o viviendo en unión libre, y con hijas e hijos de diversas edades, entre febrero y abril del 2022. Los datos se organizaron y analizaron a partir de las teorías feministas de la economía y del punto de vista. Los elementos de análisis fueron: a) percepción del trabajo en condiciones de informalidad durante la pandemia por COVID-19; b) impactos personales y sociales de las estrategias utilizadas para enfrentar la pandemia y sostener la vida familiar; y c) tipos de participación de las y los integrantes de los hogares en el trabajo doméstico y de cuidados. Resultados: las medidas de confinamiento frente a la pandemia recrudecieron las desigualdades de género e intensificaron el tiempo de pobreza de las participantes. Conclusiones: el trabajo de cuidados y doméstico para la subsistencia familiar actuó como un paliativo para mitigar la pobreza; sin embargo, se precarizaron sus condiciones económicas patrimoniales y de salud, e incrementó su pobreza.
Palabras clave: división sexual del trabajo; igualdad de oportunidades; trabajo de las mujeres; mujer rural; pandemia (obtenidos del tesauro UNESCO).
Objective: To identify the strategies employed by rural women in Hidalgo, Mexico, who work in informality in municipal markets in Pachuca de Soto to sustain family life. Methodology: Ethnographic interviews were conducted with 21 women between 20 and 63 years of age, married or living in consensual unions, and with children of various ages, between February and April 2022. Data were organized and analyzed using feminist theories of economics and standpoint theory. The analytical components were: a) perceptions of working under informal conditions during the Covid-19 pandemic; b) personal and social impacts of the strategies used to confront the pandemic and sustain family life; and c) types of participation of household members in domestic and care work. Results: Lockdown measures during the pandemic intensified gender inequalities and exacerbated the participants’ time poverty. Conclusions: Domestic and care work for family subsistence functioned as a coping mechanism to mitigate poverty; however, their economic, material, and health conditions became more precarious, increasing their overall poverty.
Keywords: sexual division of labor; equal opportunities; women’s work; rural women; pandemic (obtained from the UNESCO Thesaurus).
Objetivo: identificar as estratégias empregadas por mulheres rurais de Hidalgo, México, que trabalham na informalidade em mercados municipais de Pachuca de Soto para sustentar a vida familiar. Metodologia: realizaram-se entrevistas etnográficas com 21 mulheres entre 20 e 63 anos, casadas ou vivendo em união estável, e com filhos e filhas de diversas idades, entre fevereiro e abril de 2022. Os dados foram organizados e analisados a partir das teorias feministas da economia e da teoria do ponto de vista. Os elementos de análise foram: a) percepção do trabalho em condições de informalidade durante a pandemia de Covid-19; b) impactos pessoais e sociais das estratégias utilizadas para enfrentar a pandemia e sustentar a vida familiar; e c) tipos de participação dos membros do domicílio no trabalho doméstico e de cuidado. Resultados: as medidas de confinamento diante da pandemia agravaram as desigualdades de gênero e intensificaram a pobreza de tempo das participantes. Conclusões: o trabalho doméstico e de cuidado para a subsistência familiar funcionou como um paliativo para mitigar a pobreza; contudo, suas condições econômicas, patrimoniais e de saúde tornaram-se mais precárias, aumentando sua pobreza.
Palavras-chave: divisão sexual do trabalho; igualdade de oportunidades; trabalho das mulheres; mulher rural; pandemia (obtidos do tesauro UNESCO).
Las estrategias sanitarias para contener y evitar la propagación del COVID-19 provocaron pérdidas económicas importantes, que afectaron en mayor medida a la población en situación de pobreza, vulnerabilidad social y precariedad laboral. De acuerdo con el documento: Panorama social de América Latina 2021, de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL, 2022), la pérdida de empleo y la reducción de los ingresos laborales ocurridos durante el periodo pandémico han afectado a los estratos de menores ingresos y de ocupaciones informales debido a que están expuestos a una mayor inestabilidad ocupacional.
Según la CEPAL (2020), la región de América Latina, además de caracterizarse por grandes brechas en el mercado laboral, presenta una alta proporción de empleos informales. En México, el Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI, 2018) considera dentro la categoría del empleo informal: «[…] el trabajo no protegido en la actividad agropecuaria, el servicio doméstico no protegido, así como los trabajados no subordinados quienes, aunque trabajen para unidades económicas formales, lo hacen sin seguridad social» (p. 5).
En el contexto de la pandemia por COVID-19, la suspensión de actividades económicas no esenciales fue una de las medidas sanitarias para contener la propagación del virus, sin embargo, la siembra, cosecha y la venta de alimentos no se detuvo.
En este manuscrito es de interés analizar las estrategias de subsistencia de mujeres de contextos rurales que trabajan en la actividad agropecuaria, sin protección social, en mercados municipales de Pachuca de Soto, Hidalgo.
Además de lo señalado, otras razones que cobran peso en la elección del sector mencionado es que las mujeres, jóvenes, indígenas, afrodescendientes y migrantes se consideran poblaciones sobrerrepresentadas como trabajadoras/es informales (CEPAL, 2020). Por ejemplo, la tasa de desocupación en 2021 llegó a un 11.8% para las mujeres en comparación con 8,1% para los hombres (CEPAL, 2022).
En el país, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, Nueva Edición (ENOEN), realizada por el Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI, 2022) en el primer trimestre de 2022, la suma de las personas agrupadas en la modalidad de empleo informal (31 millones) aumentó en 1.8 millones respecto al lapso del 2021. En términos de ocupación informal según sexo, el mismo instrumento, en los mismos periodos mencionados, indica un alza de .6 puntos para el caso de los hombres ―de 18.1 a 18.7 millones―, y de 1.2 puntos en las mujeres ―de 11.1 a 12.3 millones― en el mismo periodo.
Además de la caracterización anterior, donde se aprecia un recrudecimiento de algunas desigualdades sociales como resultado de la falta de empleo y/o condiciones de informalidad laboral, la pandemia por COVID-19 acentuó las desigualdades de género. Debido a la división sexual y social del trabajo, las mujeres han estado en la primera línea de respuesta para enfrentar la crisis, al asumir como funciones sociales propias la solución de las dificultades para sostener y preservar la vida en lo cotidiano (Segato, 2018). De esta manera, las más afectadas en el contexto de la pandemia son las mujeres pobres y con hijas e hijos (CEPAL, 2021, 2022).
Tal como lo indica la CEPAL (2021, 2022), la sobrecarga de trabajo de cuidados no remunerados se triplicó al existir una mayor demanda de cuidados. Por un lado, ha existido una mayor concentración de las mujeres en el trabajo informal y en empresas pequeñas; por lo que enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos, y cuentan con una capacidad financiera disminuida para hacer frente a la crisis. Por otro lado, en términos de patrones culturales patriarcales, ha habido una mayor exposición de las mujeres a la convivencia con agresores o potenciales agresores. Además, en torno a la concentración del poder, las mujeres han participado en menor medida en los procesos de toma de decisiones en relación con las respuestas a la pandemia.
Lo descrito, intersectado con otras categorías de diferenciación que concretamente configuran las condiciones de vida de las mujeres, particularmente de contextos rurales, las llevan a una situación de mayor vulnerabilidad. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2020), la proporción de informalidad de las mujeres es mayor a la de los hombres: en el sector agrícola la tasa ha alcanzado un 91.6% en comparación con el 83.4% en hombres. Asimismo, según la OIT (2020) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2020), además de los estragos señalados, este grupo de mujeres se ve fuertemente afectado al enfrentar el riesgo de inseguridad alimentaria y nutricional, y la pobreza de tiempo. Es decir, tienen una considerable carga de actividades o demandas que reduce su capacidad para distribuir su tiempo (Kes y Swaminathan, 2006) y, por tanto, restringe su capacidad de acción. De igual forma, estas mujeres pueden enfrentar obstáculos para participar en actividades económicas en calidad de agricultoras, elaboradoras, comerciantes y trabajadoras, o bien, emplearse en las categorías de cuentapropista o en sectores asociados con niveles de riesgo alto y medio-alto.
Adicionalmente, la reducción de los ingresos puede llevar a los miembros de los hogares a vender bienes para cubrir sus necesidades básicas y, en el contexto de la pandemia, para enfrentar la enfermedad por COVID-19. Al respecto, debido a los desequilibrios de poder resultado de estructuras patriarcales, los bienes y los cultivos de las mujeres pueden ser los primeros en utilizarse, como se observó en este trabajo, y en otros más (Olivera et al., 2021; Ramírez-Quirós, 2020). Es destacable mencionar que, de las mujeres que viven en el campo en el continente de América, solo un 30% posee tierras agrícolas (Organización de los Estados Americanos [OEA], 2020).
De igual forma, en muchas ocasiones la participación de las mujeres rurales en actividades agropecuarias no tiene remuneración económica; además, existe poco o nulo reconocimiento de los cultivos producidos por el trabajo de las mujeres: alimentos frescos, cultivos de cadena de valor y cultivos para la exportación (Singaña, 2022). No obstante, estudios realizados en diversos países de Latinoamérica (Arroyo, 2020; García, 2021; Gómez et al., 2021; González, 2020; Pajín, 2020; Singaña, 2022) indican que en el contexto pandémico muchas mujeres de contextos rurales comenzaron a adquirir sus alimentos en comercios pequeños o cerca de sus hogares, o bien, detuvieron su producción en la preparación de alimentos o de artesanías para su venta debido a la atención en las demandas de cuidado en lo doméstico. Los estragos de esta sobrecarga de trabajo se materializaron en enfermedades, agotamiento físico y malestares emocionales; esto debido también a un incremento de la violencia de género en sus hogares, la restricción de movilidad e impacto negativo en su productividad, así como el temor al contagio de posibles clientes para comprar productos.
Lo expuesto evidencia las estrategias de acomodación y de resistencia de mujeres de contextos rurales para hacer frente a los diversos desafíos en el contexto pandémico para sostener la vida familiar, cruciales al hablar de capacidad de agencia y para evidenciar que la vulnerabilidad es parte del mismo significado de la resistencia política como acto corporal (Butler, 2014). Ahora bien, retomando las ideas de Picchio (2010), en este trabajo se parte del reconocimiento de que, en un nivel macro, el trabajo doméstico y de cuidados es fundamental para la reproducción social, y, en un plano individual, es parte constitutiva de la vida humana. De esta manera, el objetivo de esta investigación es identificar las estrategias para sostener la vida familiar desplegadas por mujeres rurales de Hidalgo, México, que trabajan en la informalidad en mercados municipales de Pachuca de Soto.
El diseño de esta investigación fue de corte cualitativo y el componente epistémico fue el punto de vista feminista, cuyo planteamiento central es que la posición y condición de las mujeres en la estructura social les concede una perspectiva privilegiada en términos epistémicos respecto a la comprensión e interpretación de la realidad social y en la construcción de conocimientos situados (Haraway, 1995; Harding, 2010). Esto, de la mano de las teorías feministas de la economía, es un gradiente fundamental para evidenciar el vínculo entre las vidas como proceso individual y social, y las condiciones de trabajo en el proceso de producción económica; pero también, mostrar los trabajos que contribuyen a dar cuenta de las distintas necesidades humanas, es decir, de sostenibilidad y la calidad de la vida (Carrasco y Díaz, 2018; Picchio, 2005).
Se empleó la entrevista de tipo etnográfica o no directiva, la cual, de acuerdo con Guber (2011), trata de una relación social que nos permite aproximarnos a conocer el sentido de la vida social y los discursos que emergen de la vida diaria de manera informal en condiciones de observación directa y de participación.
Los temas que se abordaron en las entrevistas se circunscribieron a los siguientes elementos:
a) Percepción del trabajo en condiciones de informalidad durante la pandemia por COVID-19.
b) Impactos personales y sociales de las estrategias realizadas por mujeres para enfrentar la pandemia por COVID-19 y sostener la vida familiar.
c) Tipos de participación de las y los integrantes de los hogares en el trabajo doméstico y de cuidados.
La información obtenida de las audio grabaciones de las entrevistas se procesó de acuerdo con la propuesta de Kvale (2007): transcripción, codificación, condensación, categorización e interpretación. La confiabilidad y autenticidad de la información se garantizó utilizando audio grabadoras para las entrevistas, y diarios de campo para registrar las observaciones directas y de participación.
Las investigaciones cualitativas buscan a personas que muestren particularidades teóricas relevantes, por ello, en este trabajo se llevó a cabo un muestreo no probabilístico intencionado (Patton, 1990). La estrategia para determinar a las participantes fue acudir directamente a los mercados municipales de Pachuca de Soto, Hidalgo: 1º de Mayo, La Surtidora, Benito Juárez y Barreteros.
Participaron 21 mujeres de contextos rurales de distintos municipios del estado de Hidalgo que trabajan en contextos de informalidad en los mercados municipales mencionados. Las edades oscilaban entre los 20 y 63 años, y la mayoría al momento del trabajo de campo estaban casadas o viviendo en unión libre, y con hijas e hijos de diversas edades.
El trabajo de campo se realizó entre febrero y abril del 2022. A las participantes se les planteó el objetivo del estudio, se solicitó su colaboración y se les pidió su consentimiento oral para audiograbar las entrevistas. Las entrevistas y observaciones se realizaron en los días y horarios que les resultaron más convenientes a las participantes. La duración osciló entre 40 y 80 minutos.
Esta investigación respeta los principios señalados en la Declaración de Bioética y de Derechos Humanos de la UNESCO y no representa ningún riesgo en la integridad física, psicológica o social de las participantes.
De acuerdo con el Censo de población y vivienda 2020 (INEGI, 2020), en Hidalgo habitan 3. 082. 841 personas, de las cuales 1. 601. 462 son mujeres y 1. 481. 379 son hombres. Del total de la población, 57% reside en localidades urbanas y 43% en zonas rurales. En el estado hay 4514 localidades rurales y 176 urbanas. En Pachuca de Soto, capital del estado y municipio donde se encuentran los mercados municipales en el que se tuvo el acercamiento con las participantes, habitan 314. 331 personas. Pachuca linda al norte con los municipios de Mineral del Monte y Mineral del Chico; al sur con Zapotlán de Juárez y Zempoala; al este con Epazoyucan y Mineral de la Reforma; y al oeste con San Agustín Tlaxiaca.
Respecto a sus actividades económicas, según datos del Censo económico 2019 (Gobierno de México, 2019), el comercio al por menor fue el sector que concentró más unidades económicas en Pachuca de Soto.
A la luz del punto de vista de las mujeres que participaron en este trabajo, y en la óptica de las teorías feministas de la economía, en este subapartado se analizan, interpretan y discuten los resultados obtenidos con base en los elementos/ejes mencionados.
El recrudecimiento de las desigualdades sociales y de género resultan expuestas en los testimonios de las participantes, quienes además advierten diversas deficiencias institucionales preexistentes a la pandemia por COVID-19, que ponen en riesgo la supervivencia social y calidad de vida.
Hay poca venta, una se desespera y trata de buscar otras opciones porque los hijos y hasta el esposo que no tiene trabajo depende de una. He buscado empleos, pero en unas partes por mi edad me dicen que no. En otras partes me piden un historial laboral y yo lo que más he hecho es autoemplearme, trabajar por mi cuenta […] sí me llega la desesperación, porque no alcanza y efectivamente cuando empezó la pandemia sí me bajó mucho la venta, ahorita ahí va, hay días que no hay mucho, otros más o menos […] Una cosa es la pandemia, otra cosa es por mi edad y ya no tan fácil me dan empleo. Yo tuve una estrategia, originalmente vendía solo tortillas a mano, entonces subió el gas, subió la masa, me bajaron las ventas porque hubieron otras personas que pusieron más puestos cerca de mí, entonces pues sí se repartía la poca venta que había, y a veces hasta problemas había con otras mujeres, y pues sí me bajó, entonces tomé la decisión [dejó el negocio de venta de tortillas], porque decía: no me conviene, el gas y todo lo que implica la inversión, entonces me fui a trabajar haciendo limpieza en las casas, tampoco me convino, bueno, no era suficiente la entrada de dinero porque no era de todos los días, entonces se me ocurrió vender antojitos, entonces esa fue mi estrategia […] vender antojitos en las oficinas de gobierno […] y eso me ha funcionado, no como quisiera, pero quienes van a trabajar sí nos compran. (Comunicación personal[5], 25 de abril de 2022).
Desde hace tiempo, como efecto del modelo económico capitalista en su fase neoliberal, se habla de la presencia de una crisis multidimensional sistemática (Bartra et al., 2013), una crisis de supervivencia (Carosio, 2010) que ha agravado las desigualdades en las posiciones desde donde se reproduce la vida. El testimonio de la participante evidencia las dificultades para acceder a un trabajo asalariado, como resultado de un déficit en la acumulación de capitales en su historia de vida. Por un lado, a causa de su edad, considerada no idónea en términos de rendimiento productivo; por otro, las pocas oportunidades a las que ha tenido acceso para adquirir experiencia laboral y que van de la mano con su bajo nivel de instrucción. Es decir, se trata de un conjunto de discriminaciones por género que, entretejidas con la etnia, clase social y momento en el ciclo de vida, precariza notoriamente la vida de estas mujeres y minan sus posibilidades para la expansión de sus capacidades.
Asimismo, la brecha digital también fue expuesta. Como se señala en el estudio: Desigualdad digital de género en América Latina y El Caribe (Rotondi et al., 2019), las mujeres de contextos rurales enfrentan una gran desventaja en el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación debido a la menor cobertura de estos servicios en esas zonas y por su género.
No pues es que no hay modo, no hay manera de vender, o sea, de vender así por línea pues no, yo no sé de eso, es que son verduras, pepitas y otras semillas, entonces pues no sé cómo vender en línea. (Comunicación personal[6], 19 de febrero de 2022).
Por un lado, las estructuras patriarcales también se reproducen en relación con la propiedad de teléfonos móviles, como lo indica el documento mencionado. Sin embargo, la edad es una variable que puede afectar la participación de mujeres de este sector en la dinámica digital. En tiempos de pandemia, las condiciones descritas perjudican a las mujeres rurales, si se consideran las funciones sociales que asumen como propias para sostener la vida y dar estabilidad familiar.
Por otro lado, como se señaló, los deficientes mecanismos regulatorios institucionales para producir recursos y distribuirlos mejor para la población que trabaja en la informalidad en el giro agrícola también han afectado la capacidad de reproducción social de este sector.
Pues ha sido muy complicado porque, como trabajamos en la calle, muchas veces nos han quitado, nos han quitado nuestras cosas, nos han movido de lugar y sí es complicado. No hay mucho trabajo y, como la gente igual se guardó en sus casas, pues no hay mucho movimiento, no se vende tanto. Hay inspectores o hay personas que evitan el comercio y son las que nos recogen las cosas. Aquí en el mercado nos toleran, no ha habido problema con ellos, no nos dicen nada realmente, pero pues igual nosotros tenemos cuidado de no dejar basura, usar cubrebocas y gel para que confíen en una, aunque genera más gasto, o no estorbar el paso en lo que más podamos, realmente con ellos no hay problema. El problema ha sido con Presidencia que es la que no nos deja. […] Empezamos (sus hijos y ella) a salir a otros lugares, al principio estábamos nada más aquí, y cuando empezó la pandemia y no nos dejaron ponernos entonces nos empezamos a poner en otros municipios; vamos a El Arenal, vamos a Ixmiquilpan, vamos a Santiago de Anaya. Le andamos buscando por todos lados, y obviamente eso genera mucho más de gasto y más cansancio, pero si aquí no sale hay que buscarle, hay que ayudar a los hijos, al esposo que está enfermo, y eso fue lo que ha ayudado, ir a varios lugares, ponernos en las calles, en las colonias donde no haya problemas. (Comunicación personal[7], 5 de marzo de 2022).
El modelo económico capitalista en su fase neoliberal ha provocado que, para poder reproducir las condiciones de posibilidad de nuestras vidas, se usen y maximicen las pocas oportunidades en contextos de profunda desigualdad. Aunado a esto, el modelo patriarcal es lo que facilita que el cuidado de la vida quede circunscrito a las posibilidades de vida de las mujeres. Lo «reproductivo», según Dobrée (2018), no se limita a la realización de las tareas domésticas más comunes, sino que significa el despliegue de numerosas estrategias que apuntan a lograr la supervivencia básica del grupo familiar, como se aprecia en el testimonio anterior. De esta forma, y en contextos de acentuadas desigualdades y en tiempos de pandemia por COVID-19, las mujeres mitigan las consecuencias de exclusiones estructurales a través de su trabajo.
El «neoliberalismo» es algo más que un tipo específico de políticas económicas o de relación entre Estado y economía, es el discurso hegemónico de un modelo civilizatorio de la sociedad moderna y una racionalidad que configura todos los aspectos de la existencia humana en términos económicos. Este ha transformado los individuos y las formas sociales, y ha forjado un determinado tipo de personas (Lander, 2000; Nijensohn, 2018) que experimentan en sus propios cuerpos los estragos de este modelo.
Bueno, cansancio nada más, gracias a Dios no tengo ninguna enfermedad que necesite medicamento. Comparando antes de la pandemia ahora es más cansancio, me ha aumentado el trabajo, ya me duele la espalda, me duelen los pies, a veces la cabeza por preocupación. […] Ahorita mis preocupaciones es que no me alcanza, está baja la venta y no se vende igual, ese es una de mis preocupaciones, a veces sí me desespero y quiero buscar otras opciones. Sí las busco, pero he buscado otros empleos, pero me dan lo mismo, me ofrecen un sueldo casi como el que gano, entonces yo opto por quedarme porque soy dueña de mi negocio, yo lo administro y estoy más al pendiente de mi hija, opto por quedarme, así como estoy. Me da tiempo de hacer más cosas al mismo tiempo. (Comunicación personal[8], 12 de marzo de 2022).
Las condiciones de trabajo en el capitalismo neoliberal y en el contexto sanitario actual llevan a analizar la precarización, tanto del trabajo, como del estado físico y subjetivo en las personas. Como lo señala Lorey (2018), en la medida en que el trabajo se vuelve más precario, las personas en su totalidad, incluidos su cuerpo y sus capacidades intelectuales, se vuelven fuerza de trabajo; es decir, la precarización se vuelve el motor de la productividad.
Como se aprecia, los estragos de la sobrecarga de trabajo y las tensiones por las dificultades respecto a su situación económica se materializan en el cuerpo de la participante. De igual forma, el tiempo de pobreza asegura reproducir las condiciones de posibilidad de sus vidas, con el respectivo costo en su salud física y bienestar emocional. Se advierte así un proceso de auto-precarización (Lorey, 2018) en la vida de estas mujeres.
Una no se puede dar el lujo de dejar de trabajar, para una no ha cambiado nada, una tiene que solucionar, dar de comer […] Con miedo o sin miedo, seguí saliendo a vender en las casas, tocando puertas. Sí es más pesado, una se cansa más, me duelen los pies, se me hinchan, la cadera se me desacomodó, me han salido los achaques, pero no tenemos opción de no trabajar. (Comunicación personal[9], 19 de marzo de 2022).
Según Lorey (2018), en el régimen de la precarización, la individualización del riesgo y la emoción que lo acompaña: el miedo o temor, la autogestión y la auto-responsabilidad son los aspectos centrales que necesita una figura subjetiva que habilita y estabiliza al gobierno neoliberal a través de la precarización y de la inseguridad. Podría decirse que se trata de una economía física y afectiva que conlleva efectos devastadores en la vida de las personas (Cano, 2018).
Esos procesos de auto-precarización, de la mano del despojo de bienes económicos, materiales y/o patrimoniales de las mujeres de contextos rurales, formarían parte de los nuevos cercamientos, de las nuevas formas de acumulación de despojo (Federici, 2020) que el neoliberalismo necesita para la reproducción del capital. Al forjar Estados e instituciones a su imagen y semejanza, el neoliberalismo ha conducido a una reestructuración individualizante del Estado de bienestar social, donde las mujeres terminan paliando este achicamiento del Estado en la provisión de seguridad social y de salud.
El mercado cerró, y luego mi esposo se enfermó de COVID y lo tuve que cuidar, y como no había ingresos vendimos un terrenito que me heredó mi papá hace años para mantenernos […] ahorita ya regresé al mercado, ojalá ya se termine la pandemia y haya más gente que nos compre. (Comunicación personal[10], 20 de marzo de 2022).
Dobrée (2018) indica que el ámbito reproductivo, siendo las mujeres sus principales protagonistas, se convierte en uno de los pocos lugares de amparo de las vidas negadas por el capital y, en tiempos convulsos actuales, de un capitalismo neoliberal que está conduciendo a la barbarie.
Como se señaló, las condiciones de reproducción de la vida dependen de usar y maximizar las pocas oportunidades y/o recursos en contextos de profunda desigualdad. De esta forma, circunstancias como las de la participante provee condiciones de posibilidad y existencia del capitalismo (Carrasco, 2016). Este se sirve de un modelo patriarcal que, al ocultar las relaciones de explotación y de despojo, posibilita que el cuidado de la vida quede circunscrito a las posibilidades de vida de las mujeres.
En este subapartado queda expuesto cómo la participación en el trabajo doméstico y de cuidados continúa siendo una actividad feminizada en el sector que participó en este trabajo.
Mi hija chiquita, que va en tercero de primaria, me apoya en todo momento, incluso si tiene clases. Si ve que tengo pedido me ayuda si puede, si no tiene que prender la cámara va y me ayuda a voltear mis tortillas o sopes, va y me calienta salsa. Dentro de la casa ella me apoya si tiene tiempo cuando está en vacaciones, me apoya en todo. Cuando está en clase me apoya en lo que puede, lo mismo a limpiar su cuarto, la mesa, sí me apoya. (Comunicación personal[11], 9 de abril 2022).
Es ilustrativo cómo desde temprana edad la hija de la participante comienza a participar en el trabajo de las actividades domésticas a la par de realizar otras: asistir a la escuela. La modalidad virtual de clases permitió esta situación. No obstante, lo importante es la trasmisión cultural en torno a los comportamientos que la infanta ejemplarmente está aprendiendo a través de su madre.
Los cuidados en lo doméstico es un tema que no ha tenido prestigio social, debido a su asociación con lo femenino y porque se considera como improductivo en tanto no está remunerado económicamente. No obstante, los cuidados son una actividad social que permite llevar a cabo todo lo necesario para que los seres humanos prosperen, una vez que permiten satisfacer las necesidades básicas humanas: fisiológicas, materiales, culturales y simbólicas ―afectivas y espirituales― (Hinkelammert y Mora, 2009).
Pues, principalmente, mi abuelita es la que hace desayunar, de comer, junto con mi mamá […] se turnan y por lo mismo de que ya está grande mi abuelita, trato de todos los días limpiar, de barrer, […] a mi abuelo le tenemos que atender, le tenemos que lavar, […] y mi abuelita pues sí también. Ellos ya están grandes, y también hay que cuidarlos porque también mi abue nos cuida, y porque si nosotros no los cuidamos, quién lo haría, por eso hay que trabajar más. (Comunicación personal[12], 2 de abril de 2022).
El testimonio anterior da pauta a varios puntos de reflexión. Las relaciones de interdependencia que se sostienen entre las personas son fundamentales para que nuestra vida tenga continuidad (Dobrée, 2018); cuidamos, pero también somos cuidadas/os. Damos cuidados, pero también los necesitamos. No obstante, debido a la división desigual del trabajo no remunerado de cuidados de niñas y niños, personas enfermas, y personas adultas mayores, por mencionar algunas, por razones culturales de género las mujeres viven un tiempo de pobreza mayor en comparación con los hombres, debido a las múltiples tareas, trabajos y energías para la producción de bienes materiales y el funcionamiento físico de los seres humanos, así como del cuidado. Condiciones que impactan en su autonomía y obstaculizan la expansión de sus capacidades humanas, es decir, su desarrollo personal y una mayor participación en otras esferas sociales.
Ahora bien, en relación con el sostenimiento de la vida de los miembros del grupo familiar y con aspectos de filiación y vinculaciones, se torna importante reflexionar en torno a la noción de «dependencia», la cual ha sido valorada negativamente en función de supuestos y valores relacionados con la masculinidad en Occidente, así como por principios capitalistas del hommo economicus.
Como se señaló, el capitalismo neoliberal configura un determinado tipo de individuos que apela a que se consideren autónomos e independientes. Factores estructurales como la división sexual del trabajo facilita que los agentes económicos en las sociedades liberales y capitalistas tengan libertad de tiempo y disponibilidad laboral para participar en la esfera pública sin que el trabajo doméstico y de cuidados les limite (Carrasco et al., 2019). En este sentido, siguiendo a Riger (1997), se trata de reconocer que las personas actúan dependiendo de su posición relativa en la estructura social; mientras que los hombres interactúan en los sistemas sociales en dirección a la realización por fuera del grupo social inmediato, las interacciones para las mujeres están dirigidas al interior del grupo. Esta lectura dicotómica es inadecuada debido a que no tienen la misma valoración en el modelo económico capitalista, señala la autora.
No obstante, desde la perspectiva feminista en la que se sitúa este trabajo se enfatizan las relaciones e interdependencias como los valores centrales en la experiencia humana y para sostener la vida, y se hace evidente la falsa separación entre la esfera privada y pública. Como lo menciona Guzmán (2005), la primera es el lugar desde donde se accede a otros espacios productivos y relacionales, al ámbito público, y donde además se crea plusvalía y riqueza económica (Alberti et al., 2014).
El cuidado es un principio organizador en la vida humana y no humana. La sostenibilidad de la vida, como lo señala Dobrée (2018), está ligada de forma indisoluble con el cuidado. Para que haya vida, es necesario cuidarla, se necesitan cuidados para vivir bien. En todo momento las personas requieren cuidados, aún más en circunstancias desfavorables. Es aquí donde se torna fundamental el reconocimiento de las relaciones de interdependencia (Carrasco et al., 2019).
En el contexto económico, político, social y de salud propiciada por el COVID-19, destacan las desigualdades de género y estructurales que enfrentan las mujeres para sostener la vida. En un mundo tan descuidado y tan convulso en la actualidad, ¿quién cuida?, ¿a quiénes cuida?, ¿en qué condiciones se cuida?, ¿quién cuida de esa persona que cuida? Y, ¿qué implica cuidar? Son preguntas relevantes al analizar la sostenibilidad de la vida. En la presente investigación se examinaron testimonios de mujeres rurales que trabajan en la venta de alimentos en mercados de la ciudad de Pachuca, Hidalgo, México, y asumen la responsabilidad del cuidado de los miembros de su familia.
Al emplear las teorías del punto de vista y de la economía feminista, se encuentra que las mujeres enfrentan desigualdades estructurales para desempeñarse en el mercado laboral. La edad, la experiencia laboral, el género e incluso el manejo de la tecnología se intersectan y precarizan sus oportunidades laborales y productivas. En este contexto de desigualdades múltiples, las mujeres intensifican sus jornadas de trabajo para lidiar también con mecanismos institucionales que las discriminan por ser vendedoras ambulantes en los mercados locales.
Las estrategias desplegadas por las mujeres no son neutrales en sus cuerpos y salud. El cansancio, la preocupación y el estrés se experimentan a través de sus cuerpos. En el neoliberalismo, como sistema político y de organización social, la precarización del trabajo de las mujeres se vuelve contradictoriamente el motor de su productividad individual. Este mecanismo de sobrevivencia repercute en su estado emocional, intensificando no solo sus jornadas de trabajo, sino también sus preocupaciones y estrés, ya que asumen la responsabilidad de proveer el sustento y el trabajo de cuidados al interior de los hogares.
Al analizar la colaboración de otros integrantes de la familia en la distribución de las tareas de cuidado, se encuentra que la división del trabajo de cuidados recae en las mujeres que integran la familia, y se estructura a través de las normas de género existentes. Así, son las hijas quienes ayudan a las madres en la elaboración de alimentos para la venta y cuidan de las abuelas y abuelos o de los familiares masculinos enfermos. Las madres asumen que la ayuda de las hijas expresa una forma de reciprocidad familiar y refuerza la noción del altruismo femenino en los hogares.
Los hallazgos encontrados en la presente investigación son consistentes con la tendencia latinoamericana de creciente participación de mujeres rurales en actividades económicas no agrícolas y la pluriactividad, quienes han intensificado sus cargas de trabajo, principalmente las más precarizadas, ante cambios estructurales como las políticas de ajuste estructural y las recurrentes crisis económicas que, desde la década de 1990, han empobrecido a los hogares y han incrementado inequidades de género (Benería, 1995; Chant, 1994; Levrin, 1987). Desde esta perspectiva, en contextos de incertidumbre y alto riesgo, como lo fue la pandemia por Covid-19 durante el periodo de estudio, el trabajo de mujeres rurales de distintas cohortes generacionales ha sido crucial para generar sustento y, en muchos casos, sostener la vida de integrantes de la familia. Sin embargo, esa responsabilidad asumida por las madres y/o jefas de familia también intensificó el cansancio de las mujeres de mayor edad, y la incorporación temprana de hijas jóvenes al mundo del trabajo.
Asimismo, aunque diversos estudios han indagado el papel de activos productivos en la toma de decisiones diferenciadas por género en hogares rurales (Agarwal, 1997; Deere, 2011; Deere, 2020), en esta investigación, además de las restricciones que experimentaron las mujeres en el acceso a activos productivos, se destacó el papel de la tecnología y su manejo como un factor crucial que incidió en la eficacia de las estrategias de subsistencia implementadas por mujeres hidalguenses en contextos pandémicos. Estos hallazgos esclarecen los desafíos estructurales diferenciados por género y cohorte generacional, que se recrudecieron durante la pandemia.
Las experiencias situadas de las mujeres sobre el cuidado y el sostenimiento de la vida de los hogares en una época pandémica, plagada de precariedades e incertidumbres, aportan conocimientos para comprender la realidad social. Así, para contrarrestar la precarización del trabajo de las mujeres en todas sus dimensiones, se aclara la necesidad de des-feminizar el trabajo de cuidados, de politizar la esfera de la reproducción y hacer del cuidado algo prestigioso. Estas medidas apuntalan alternativas éticas y políticas que atiendan las desigualdades de género y sociales que enfrentan las mujeres rurales.
De igual manera, los riesgos para la salud y la incertidumbre asociados con el trabajo excesivo que trajo consigo la pandemia por Covid-19 llevan a considerar, en planes de intervención gubernamental, las necesidades de cuidados, laborales, tecnológicas y de sustento diferenciadas por cohortes generacionales y género, si se quiere atender seriamente las necesidades de las más desfavorecidas y mitigar los efectos negativos de la pandemia.
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[1]Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Cuerpos Académicos: Salud, Género y Educación; Economía Aplicada y Regional. Financiación: no contó con financiación. Declaración de intereses: las autoras declaran que no existe conflicto de intereses. Disponibilidad de datos: todos los datos se encuentran en el artículo.
[2] Doctora en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesora
investigadora de tiempo completo. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Correo electrónico: itzia_cazares@uaeh.edu.mx
[3] Doctora en Desarrollo Rural por la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Xochimilco. Profesora investigadora de tiempo completo. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Correo electrónico: jmsoto@uaeh.edu.mx
[4] Doctora en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Baja California. Profesora investigadora de tiempo completo. Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Correo electrónico: dianax@uaeh.edu.mx
[5] Mujer de 58 años, originaria de Zempoala. Vendedora de tortillas y antojitos en el Mercado 1º de Mayo.
[6] Mujer de 62 años, originaria de Mineral del Chico. Vendedora de legumbres y semillas en el Mercado 1º de Mayo.
[7] Mujer de 62 años, originaria de San Agustín Tlaxiaca. Vendedora ambulante de frutas y verduras en diversos mercados de Hidalgo.
[8] Mujer de 58 años, originaria de Zempoala, residente de Pachuca desde hace 12 años. Vendedora de tortillas en el Mercado La Surtidora.
[9] Mujer de 55 años, originaria de Tulancingo. Vendedora de verduras en el Mercado Benito Juárez.
[10] Mujer de 63 años, originaria de Acaxochitlán. Vendedora de nopales y vegetales en el Mercado La surtidora.
[11] Mujer de 29 años, originaria de Pachuca. Vendedora de tortillas y antojitos en el Mercado 1º de Mayo.
[12] Mujer de 38 años, originaria de Pachuca. Vendedora de legumbres y comida en el Mercado Barreteros.
Cazares-Palacios, I. et al., (2026). Mujeres rurales de Hidalgo, México: entre la informalidad laboral y la subsistencia en pandemia, 2022. Ánfora, 33(60), 105-126.